Discurso de rendición de cuentas del presidente Fernández en vivo

Discurso de rendición de cuentas del presidente Fernández en vivo

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SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Este es el discurso del presidente Leonel Fernández ante la Asamblea Nacional, en la celebración este domingo del 167 aniversario de la Independencia Nacional.

En este año, 2011, se cumple el cincuenta aniversario del desplome de una de las más férreas, brutales y sanguinarias dictaduras de América Latina: la de Rafael Leonidas Trujillo.

Desde ese episodio al momento actual, la trasformación experimentada por la República Dominicana en todos los órdenes, ha sido asombrosa e impresionante.

En 1961, la población dominicana alcanzaba a 3 millones 300 mil personas, de las cuales 65% vivía en el campo y sólo el 35% en las ciudades.

En la actualidad, tenemos una población de 9 millones 900 mil personas, lo que indica que en cincuenta años, se ha multiplicado por tres; y al revés de lo que ocurría antes, ahora el 70% vive en ciudades y sólo el 30% en la zona rural.

En 1961, el Producto Interno Bruto de la República Dominicana, medido en paridad de poder de compra de 1990, fue de 4 mil 100 millones de dólares. La producción per cápita, de 1 mil 232 dólares.

En estos momentos, la producción total de nuestro país es de 51 mil millones de dólares, trece veces más que a la muerte de Trujillo; la producción per cápita se incrementó por más de cuatro, al pasar a 5 mil 218 dólares.

En 1961, la esperanza de vida al nacer era de 54 años. Ahora es de 72; y a un hombre de 50 años todavía se le considera joven. Incluso, a veces, en tono jocoso, se le dice: ²Un muchacho de 50 años.²

A la caída de la dictadura, el 35% de la población con más de 15 años de edad era analfabeta. Actualmente, eso se ha reducido a un 10.8%.

Por cada mil niños nacidos vivos, morían 117. Ahora, sólo 30.

Se ha incrementado de manera significativa el porcentaje de hogares con acceso a agua potable, a la electricidad y al uso de neveras y estufas, al tiempo que se ha reducido el número de hogares que utilizan carbón vegetal o viviendas con pisos de tierra.

En los últimos 50 años se ha eliminado la incidencia del sarampión, la poliomielitis, la difteria, la tos ferina y la tuberculosis.

Los cambios acaecidos se pueden observar en la cantidad de vehículos, carreteras, escuelas, hospitales, universidades, puentes, viviendas, edificios, establecimientos comerciales, lugares turísticos, centros de diversión y oficinas profesionales.

Actualmente, en nuestro país hay 8.8 millones de teléfonos móviles, lo que nos convierte en una de las naciones con mayor densidad telefónica del mundo, a nivel de España, Francia y Gran Bretaña.

Hace 50 años, la ciudad de Santo Domingo se extendía al Norte hasta la ribera del Río Isabela; hacia el Este, hasta lo que hoy se conoce como Ensanche Alma Rosa; y por el Oeste hasta la actual Avenida Abraham Lincoln.

Hoy, es una importante metrópolis, llena de energía y vitalidad, con grandes avenidas, áreas verdes, elevados, túneles, metro y gigantescos edificios, todo lo cual produce el deleite de nuestros compatriotas y el reconocimiento de quienes nos visitan.

El año pasado, la ciudad de Santo Domingo fue declarada Capital Americana de la Cultura.

Nada de cuanto he dicho significa que no tengamos carencias, deficiencias y limitaciones. Para alcanzar las metas de un verdadero desarrollo incluyente, que reduzca la pobreza, fomente el empleo y garantice la satisfacción de las necesidades básicas de todo ser humano, aún es mucho lo que nos queda por recorrer.

Pero los logros y avances obtenidos por nuestro pueblo a lo largo de estas últimas cinco décadas, debe ser motivo de gran orgullo y regocijo para todos los dominicanos, pues además de ser la obra de todos, constituye la mejor prueba de lo que puede una nación cuando se propone entre sus objetivos, el trabajo, el progreso, la prosperidad y el bienestar.

No obstante, entre los grandes resultados de este último medio siglo, ninguno, tal vez, haya tenido la trascendencia ni haya impactado de manera tan decisiva en la vida nacional, como la conquista de la democracia y la libertad.

Es cierto, también, que aún se trata de una democracia embrionaria e imperfecta, afectada de debilidades e inconsistencias, pero nos ha costado como pueblo tanta sangre, tanto dolor, tantas lágrimas y tanto sacrificio, que lo único que podemos hacer es comprometernos todos, sin distinción de ningún género, a hacer de ella la fuente de la paz, la justicia, la armonía y la convivencia civilizada del pueblo dominicano, como lo soñaron Duarte, Sánchez y Mella, así como otros grandes patriotas y héroes nacionales.

En estos momentos, civilizaciones milenarias del Norte de África y Medio Oriente se ven estremecidas por el reclamo popular de alcanzar lo que en la República Dominicana hemos venido conquistando durante el último medio siglo: paz, democracia y libertad.

¡No permitamos que la dictadura y la barbarie vuelvan a enseñorearse jamás sobre el alma de nuestro pueblo, y hagamos de la Revolución Democrática dominicana en el Siglo XXI, un instrumento de poder en manos de nuestros ciudadanos y una herramienta de promoción de la justicia social, el respeto y la dignidad de la personas!

Saludamos la nueva composición de este Congreso Nacional, el cual, al ser elegido para los próximos seis años, no sólo goza de legitimidad democrática, sino de lo que parece ser una nueva categoría política: longevidad democrática.

Señores Legisladores:

Como consecuencia de la eficaz coordinación de la política monetaria y fiscal, la economía dominicana creció en el 2010, 7.8%, siendo una de las más elevadas de la región y superando de manera significativa las diversas proyecciones realizadas a principios de año, tanto por el Fondo Monetario Internacional como por el Banco Central.

El crecimiento registrado no sólo fue importante por su magnitud, sino además por la diversidad de sectores que abarcó.

En tal virtud, cabe indicar que el comercio creció en 13.6%. El sector bancario y de seguros, un 12.5%. El de la construcción, 11%. El de la manufactura local, 7.7%; y el de las comunicaciones, 8.3%.

Pero además, hubo otros sectores con un desempeño notable, como fueron los casos de hoteles, bares y restaurantes con un 4.7%; el de transporte y almacenamiento, con un 6.3%; el de energía y agua, con un 5.4%; y el sector agropecuario, con un 5.5%.

En lo referente al crecimiento, es importante resaltar el cambio de tendencia verificado en el sector de zonas francas. Por vez primera desde el 2006, ese sector registró un desempeño positivo, pues creció en 3.4%.

El año pasado se aprobaron 54 nuevos permisos para la instalación de empresas de zonas francas, las cuales realizarían una inversión de más de 3 mil 400 millones de pesos y contribuirían a generar 6 mil 600 nuevos empleos directos.

De igual manera, se autorizó la creación de cinco nuevos parques, los cuales realizarán una inversión superior a los 2 mil millones de pesos, lo que contribuirá, a su vez, a crear 3 mil 200 nuevos empleos.

Debido al alto crecimiento económico de los últimos seis años, el PIB corriente de República Dominicana, valorado en dólares, se ha más que duplicado, pasando de 22 mil 608 millones de dólares en el 2004 a 51 mil 657 millones de dólares en el 2010.

Eso equivale a decir que, en términos de generación de riquezas, hay ahora dos repúblicas y media en relación a lo que había seis años atrás, lo cual ha sido logrado, además, en medio de la más profunda crisis económica mundial de los últimos 80 años.

Como resultado de este crecimiento sostenido, la República Dominicana se ha convertido, ahora, en la novena economía de mayor tamaño de las 34 de América Latina y el Caribe.

La rápida expansión económica del 2010 situó el ingreso per cápita corriente en unos 5 mil 282 dólares, un crecimiento de 9.7% respecto al 2009.

A pesar de las presiones derivadas de los aumentos en los precios internacionales del petróleo, durante el 2010 la tasa de inflación acumulada alcanzó 6.24%, lo que constituye una muestra inequívoca del manejo adecuado de la política económica por parte de las autoridades.

En lo que respecta al sector externo, ha sido notable el comportamiento de las exportaciones de bienes, las cuales crecieron a una tasa de 20.3% en el 2010. Eso equivale decir, a un crecimiento de 1 mil 115 millones de dólares.

Igualmente positivo, sobre todo en el contexto internacional prevaleciente, se verificó en el turismo.

En este sector, la República Dominicana continuó siendo uno de los destinos preferidos en la región, recibiendo el año pasado 4 millones 124 mil 540 visitantes, unos 132 mil 240 más que en el 2009.

Esto permitió que los ingresos por concepto de turismo, ascendieran a 4 mil 209 millones de dólares, un incremento de 160 millones, es decir, un 4% en relación al año previo.

Ese crecimiento del sector turístico contribuyó a atenuar la caída de 47.3 millones de dólares registrada por concepto de remesas desde el exterior.

Al inventario de habitaciones turísticas, se adicionaron 2 mil 163 nuevas unidades, lo que completa la cifra de 69 mil 280 habitaciones, la mayor en la zona del Caribe.

La gran expansión de la economía el año pasado trajo consigo un crecimiento de las importaciones de bienes. Estas ascendieron a 15 mil 298 millones de dólares, para un aumento del 24.4%.

Esto fue motivado por un fuerte incremento de las importaciones de materias primas, bienes de capital y productos terminados, los cuales crecieron en 1 mil 611 millones de dólares.

De igual manera, ese comportamiento fue el resultado del aumento de la factura petrolera, la cual creció 786 millones de dólares, para situarse en conjunto en 3 mil 465 millones de dólares, un aumento de 26.8%.

A pesar del repunte de las exportaciones, el rápido crecimiento de las importaciones ocasionó que el balance en cuenta corriente de nuestras operaciones con el exterior registraran un saldo deficitario de 4 mil 435 millones de dólares, lo que equivale al 8.5% del PIB.

Sin embargo, en el 2010, a pesar de condiciones desfavorables a nivel internacional, como hemos señalado, el país recibió por concepto de inversión extranjera un monto superior a 2 mil 930 millones de dólares.

Esa cifra es superior en 1 mil 260 millones de dólares al monto recibido en el 2009, prueba de la confianza que merece nuestro país ante la comunidad internacional.

Todo esto contribuyó a un resultado de superávit en la cuenta de capital y financiera, que fue lo que permitió compensar gran parte del déficit en cuenta corriente a que hemos hecho referencia.

Al final del año pasado, las reservas internacionales del Banco Central alcanzaron su nivel más elevado de los últimos años al situarse en 3 mil 342 millones de dólares, un incremento de más de 490 millones de dólares respecto al cierre del 2009.

Aunque algunos detractores del Gobierno nos imputan un manejo del gasto público presuntamente dispendioso y despilfarrador, lo cierto es que durante el 2010 logramos cumplir la meta de déficit fiscal del sector público no financiero de 2.3% del PIB, conforme a lo establecido en el marco del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Esto implicó una reducción del déficit de 1.2% del PIB respecto al 2009, lo que representa unos 20 mil millones de pesos.

No obstante, esta cifra no revela la verdadera magnitud del ajuste que el Gobierno llevó a cabo.

En julio del 2010, se aplicaron recortes de gastos por un valor de 11 mil 400 millones de pesos, esto es, el 0.6% del PIB, para cubrir el déficit del sector eléctrico, provocado, en parte, por los aumentos en los precios internacionales del petróleo y la decisión del Gobierno de no transferir los mismos a la tarifa de los consumidores.

Adicionalmente, a fines del pasado año tuvimos que aplicar nuevos recortes para acomodar en el techo de gasto establecido para el año, un aumento de 10 mil 400 millones de pesos por concepto del pago de intereses al Banco Central, de acuerdo a lo estipulado en la Ley de Recapitalización de esa institución.

En total, los ajustes realizados por el Gobierno, sugeridos por el Fondo Monetario Internacional, alcanzaron 41 mil 800 millones de pesos, el 2.1% del PIB, con la particularidad de que se hizo de julio a diciembre del año pasado, es decir, en un período de tan sólo medio año.

Puedo afirmar sin lugar a equívocos, que en ningún momento de la historia financiera de la República Dominicana se había hecho un recorte del gasto público de manera tan severa y de esa magnitud, como el que realizó la actual Administración, con tal de mantener la estabilidad de la economía nacional.

En resumen, en el 2010 logramos cumplir con las metas de déficit público establecidas en las tres revisiones del acuerdo con el FMI, que conjuntamente con las llevadas a cabo del 2005 al 2008, constituyen una muestra inequívoca del manejo efectivo del gasto y de la política fiscal por parte de la presente administración del Gobierno.

Por otro lado, durante el 2010, el desempeño del sistema financiero dominicano se caracterizó por un fuerte dinamismo, acentuando la tendencia de consolidación de las actividades de intermediación financiera.

El Índice de Solvencia del Sistema Financiero se situó en 17.10%, superando en 7.1% el nivel mínimo requerido por la ley.

Los activos aumentaron un 15%, para colocarse en 101 mil 590 millones de pesos; y esa evolución se debió, fundamentalmente, al notable incremento observado en la cartera de crédito del sector privado.

La baja presión inflacionaria del año pasado, como hemos indicado, permitió que la tasa de interés del Banco Central para los depósitos remunerados de las entidades financieras se mantuviese, como venía ocurriendo desde finales del 2009, en 4%, su nivel comprobado más bajo.

Naturalmente, eso así, con el objetivo de incrementar el crédito al sector privado y estimular el crecimiento económico en base a la demanda interna.

Las medidas del Banco Central facilitaron que la tasa de interés activa para préstamos de los bancos comerciales continuara su tendencia de descenso, llegando incluso a realizarse operaciones en el sector vivienda a tasas por debajo del 8%.

En total, la cartera de créditos alcanzó el año pasado la cifra de 415 mil 943 millones de pesos, algo singular, la cual fue canalizada en favor de los sectores que generan empleos, dinamizan la economía y producen riqueza en la República Dominicana.

Durante el 2010 la depreciación del peso dominicano fue de tan sólo 3.3%, con lo cual se ha mantenido la competitividad externa de nuestra economía, en momentos en que gran parte de los países de América Latina, por el contrario, experimentaron fuertes apreciaciones cambiarias.

Asociado al tema de la política económica del Gobierno, con frecuencia también se escuchan voces agoreras que lanzan rayos y centellas en relación a la deuda pública y sostienen que respecto a este tema el país se enrumba hacia el abismo.

Nada más lejos de la verdad.

Un endeudamiento público excesivo conduce, de manera inevitable, a un proceso de devaluación de la moneda, de inflación, disminución de las reservas internacionales, aumento de las tasas de interés de los préstamos bancarios, aumento del riesgo-país y a la cesación de pagos o default.

En la actualidad, como ha sido expresado, la República Dominicana no enfrenta un proceso de devaluación ni pérdida de confianza en la moneda. De hecho, en el 2010 se colocaron bonos en el mercado internacional a la tasa de interés histórica más baja en este tipo de colocaciones, y el mayor nivel de endeudamiento para financiar el gasto público se ha hecho en el marco del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Esto refleja que el actual nivel de endeudamiento es sostenible y que, por consiguiente, no estamos en la antesala de un desmoronamiento de la estabilidad macroeconómica, como algunos, de manera siniestra, quisieran hacer creer.

A fines del 2010, la deuda del sector público alcanzó un 36% del PIB, lo cual equivale a unos 18 mil 200 millones de dólares.

Ahora bien, cuando se excluyen los pasivos por concepto de certificados y notas del Banco Central, la deuda del sector público no financiero sólo llega a 14 mil 405 millones de dólares.

De ese monto, 9 mil 309 millones de dólares, es decir, el 64.6%, corresponde a los compromisos externos, y 5 mil 096 millones, esto es, el 35.4%, a los internos.

Adicionalmente, cuando se elimina de este monto la deuda que ya ha sido transferida del Banco Central al Gobierno, es decir, el llamado déficit cuasi fiscal, en el marco de la Ley de Recapitalización, ascendente a 2 mil 351 millones de dólares, el total de deuda del sector público no financiero es sólo de 12 mil 054 millones de dólares, equivalente a un 24% del Producto Interno Bruto.

Así pues, medido como proporción del PIB, el monto de la deuda del sector público no financiero es menor en 5.1%, respecto al nivel de dicha deuda a fines del 2004.

La disminución en el nivel de deuda del sector público no financiero ha sido posible por una amortización que superó los 8 mil millones de dólares durante el período 2005-2010, un hecho que más que diatribas y censuras debería merecer el reconocimiento unánime debido a la responsabilidad y prudencia con que a través de estos años esta Administración ha manejado las finanzas públicas.

En síntesis, si se consolida la deuda del sector público, con exclusión de la del Banco Central, en realidad, la deuda ha disminuido, en términos relativos, de 48.2% del PIB en el 2004, a 33.3% a fines del 2010.

El manejo de la política fiscal y monetaria ha recibido el reconocimiento implícito de los inversionistas que negocian la deuda soberana de la República Dominicana en los mercados financieros internacionales, a través de la disminución de la prima de riesgo de los bonos soberanos.

Todo esto ha sido obtenido por nuestro país en un momento en que aún no ha habido una plena recuperación de la economía mundial, luego de la recesión financiera global que se desató a partir de la segunda mitad del 2007.

Más aún, se ha logrado cuando todavía los países con mayor desarrollo, donde tuvo su origen la referida crisis financiera global, no se han puesto de acuerdo en la ejecución de una estrategia que permita conquistar la reactivación de un crecimiento económico sostenible.

En efecto, mientras que, hasta la actual propuesta presupuestaria del 2012, contempla la reducción del cuantioso déficit fiscal, en los Estados Unidos se ha considerado que lo que debe priorizarse en estos momentos para superar, de manera definitiva, la actual crisis, es incrementar el gasto público.

En Europa, por su parte, se estima que la mayor preocupación es el alto volumen de la deuda pública, por lo que debe procederse a la aplicación de políticas de recorte del gasto o políticas de austeridad.

En los Estados Unidos la mayor ansiedad consiste en considerar que por falta de inversión el país pueda caer en una deflación, es decir, de cero crecimiento, que fue lo que ocurrió en Japón durante toda una década.

Para los europeos, por su lado, su mayor fuente de intranquilidad y desasosiego se encuentra en el hecho de estimar que un aumento de la inversión con sus actuales niveles de deuda pública puede conducir a una situación de hiperinflación como la que vivió Alemania durante el llamado período de la República de Weimar, luego de la Primera Guerra Mundial.

Atrapados entre temores de deflación o de hiperinflación, las grandes potencias económicas del mundo no han encontrado aún la fórmula para superar la situación de languidez en que todavía se encuentra el sistema económico internacional.

En el caso de Europa, algunos países, como Grecia e Irlanda, como se sabe, no pudieron honrar a tiempo el servicio de sus respectivas deudas soberanas, lo que ha ocasionado la intervención tanto del Fondo Monetario Internacional, del Banco Central Europeo y del Gobierno de Alemania, a los fines, no sólo de salvar a estos países del naufragio financiero, sino de evitar la ocurrencia de un pánico en el resto del continente.

En el caso norteamericano, la situación es preocupante debido a que la administración del Presidente Obama no ha podido conseguir la aprobación de un segundo paquete de estímulo fiscal en el Congreso, actualmente dominado por sus adversarios del Partido Republicano.

Ante esa dificultad, se ha tenido que recurrir a la emisión de bonos por parte del Tesoro, a los fines de ser adquiridos por la Reserva Federal, sin el debido respaldo en la producción nacional.

Al realizarse esta operación, se produce un debilitamiento del dólar, y como consecuencia de ello, una tendencia hacia el aumento general de precios o de inflación, que es lo que efectivamente ha estado ocurriendo desde el año pasado y de manera más acelerada a principios de este año 2011.

Así pues, el panorama económico mundial, con excepción de las llamadas economías emergentes, resulta desalentador, ya que implica al mismo tiempo falta de crecimiento vigoroso y sostenible de la economía con alza de precios de productos básicos.

En síntesis, una situación de estanflación, como la que ocurría en los momentos más difíciles de la crisis de los años 70.

A pesar de ese panorama incierto, en la República Dominicana, como se ha indicado, obtuvimos una de las mayores tasas de crecimiento económico de América Latina el año pasado.

Pero ese crecimiento, estamos concientes, por sí solo no ha sido suficiente para contener la inconformidad de algunos sectores del país que se vieron afectados por la brusca disminución en el gasto público de 40 mil millones de pesos, durante la segunda mitad del año pasado, y ahora, empiezan a sentir los embates del fenómeno de la inflación que se esparce por todo el planeta.

El asunto es más inquietante cuando se sabe que el alza de precios de algunos productos, como, por ejemplo, el petróleo y sus derivados, así como el de algunos alimentos, como el trigo, el maíz, la soya y los cereales, se debe, entre otros factores, a la especulación financiera que se lleva a cabo en los contratos de futuro de los mercados financieros internacionales.

Como he explicado en otra ocasión, esta especulación se produce sobre la base de inversiones de grupos e instituciones, como son bancos de inversiones, compañías de seguros y fondos de pensiones, entre otros, que nada tienen que ver con el producto objeto de transacción, pero que por el volumen de sus niveles de participación contribuyen a una alteración de los precios.

De esta manera, los alimentos en todo el mundo se han convertido en una gran apuesta de un juego de casino, para beneficio de unos pocos, que sólo piensan, de manera codiciosa, en acumular fortunas en base a la tragedia de los demás.

Esa es la gran vergüenza de nuestros tiempos. Se trata de un acto inmoral e inaceptable. De un caso extremo de miseria ética que está convulsionando al mundo.

Por consiguiente, la humanidad no puede seguir por esos derroteros.

Ante una situación de esa naturaleza, que provoca indignación y repudio, la República Dominicana no puede permanecer indiferente.

Por esa razón, el Gobierno dominicano respalda la propuesta del Presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, ahora Presidente del G-20, de colocar la volatilidad de los precios de los alimentos como un tema de prioridad en la agenda de ese grupo de naciones económicamente poderosas.

Procederemos a enviar una comunicación a los gobiernos de América Latina, de África y de Asia, es decir, al resto de los 172 países que conforman la Asamblea General de las Naciones Unidas, a los fines de que nos unamos en una gran cruzada global para enfrentar con firmeza y determinación los desaciertos de una práctica inhumana y cruel que está conduciendo a los pueblos a la destrucción y a la muerte.

República Dominicana asume sus responsabilidades. Asume su compromiso internacional y propone la suscripción de un Pacto Internacional contra la Especulación Financiera del Petróleo y los Alimentos.

Este compromiso deberá ser llevado a la próxima Asamblea General de las Naciones Unidas.

Estoy seguro que juntos venceremos y que los pueblos del mundo sabrán ocupar su lugar correspondiente en el campo del honor, de lo justo y de lo digno.

En el plano nacional, el incremento de los precios de materias primas agrícolas ha tenido un importante impacto en los costos de producción de la pecuaria nacional.

Para enfrentar esa situación, procuraremos reforzar nuestra política de seguridad alimentaria. Eso permitirá que pueda haber abundancia de alimentos en los principales renglones de la canasta básica familiar, tales como arroz, pollo, huevo, tubérculos, frutas, vegetales y carne, entre otros.

Nos proponemos, en lo inmediato, continuar el apoyo e incentivo directo a los pequeños y medianos productores, en preparación de tierras, distribución de material de siembra e insumos de producción, fomento y mejoramiento de pastizales e incorporación de nuevas áreas a la producción como estrategia para la producción masiva de alimentos y protección de los más vulnerables.

De igual manera, fortaleceremos el financiamiento agropecuario y mantendremos el Programa Nacional de Pignoración como mecanismo de equilibrio en la producción, procesamiento, comercialización y consumo de productos agropecuarios sensibles.

En el 2010 se dio inicio a la construcción en La Vega del más moderno laboratorio in Vitro del área del Caribe, con capacidad para producir 10 millones de plantas al año de alto valor genético, en los renglones de plátanos, guineos, aguacates, zapotes, naranjas, toronjas, limones y mandarinas, entre otros, para mejorar la calidad de la productividad y, por consiguiente, la competitividad de estos importantes renglones agrícolas.

En materia de producción agropecuaria, el país está siendo utilizado como referente por parte de países amigos y de organismos internacionales vinculados con el tema de seguridad alimentaria.

Es el caso, por ejemplo, del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Fondo de Inversión para el Desarrollo Agrícola (FIDA), y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los cuales reconocen el dinamismo y la fortaleza del sector agropecuario dominicano, a pesar de la grave crisis económica mundial.

En ese contexto, cabe destacar las palabras del Director General de la FAO, Dr. Jacques Diouf, quien durante su última visita al país resaltó: ²El sector agropecuario dominicano cumple un importante papel en materia de seguridad alimentaria, ya que produce cerca del 80% de los alimentos que demanda la población, lo cual es suficiente para alimentar 14 millones de personas. ²

Para que finalmente, los alimentos lleguen a los sectores más vulnerables de la población a precio asequible, el Gobierno abrirá 800 plazas de productores a nivel nacional, ampliará los programas de venta móvil del INESPRE y reforzará los proyectos del Plan Social de la Presidencia y los Comedores Económicos.

Aún en medio de condiciones internacionales adversas, en la República Dominicana continuaremos levantando nuestra consigna de: ²Comer es Primero.²

Señores Miembros de esta Reunión Conjunta de las Cámaras:

En razón de la estabilidad económica sostenida durante el año pasado, el crecimiento alcanzado, la relativa estabilidad de cambio, las bajas tasas de interés a los préstamos bancarios y el control de la inflación, el país logró avanzar en las metas planteadas por el Gobierno en torno a la generación de empleos; el combate a la pobreza; el aumento de la inversión en educación, salud, seguridad social y protección social.

En el reciente informe sobre el Panorama Social de América Latina 2010, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), reconoció que la República Dominicana ha sido uno de los países de la región que en el contexto de la reciente crisis financiera económica y financiera internacional ha logrado reducir los niveles de pobreza e indigencia en la población.

De manera textual, la CEPAL lo expresó así:

²Actualmente se dispone de información que permite evaluar la evolución de la pobreza y la indigencia entre 2008 y 2009 en nueve países. De ellos, seis presentaron una clara disminución de la pobreza entre un año y otro. La República Dominicana y el Uruguay redujeron la tasa de pobreza en más de tres puntos porcentuales, mientras que el Brasil, Panamá, el Paraguay y el Perú registraron disminución de entre 0.9 y 2.2 puntos porcentuales. ²

Más adelante, agrega:

²En 2009, la tasa de indigencia cayó de manera significativa en Colombia, Panamá, el Perú, la República Dominicana y el Uruguay, y registró un leve descenso en el Brasil y el Paraguay. ²

Como puede apreciarse, es un organismo de Naciones Unidas, especializado en los temas económicos de América Latina, no el Gobierno, el que afirma que en los últimos años en nuestro país ha habido una clara disminución de la pobreza y una significativa caída de la indigencia.

Desde el 2004 al 2010, la pobreza ha disminuido en 10 puntos porcentuales en el país, al bajar de 43.4% en el 2004 a 33.2% en abril del 2010, beneficiando a más de 700 mil dominicanos y dominicanas que hoy generan los recursos necesarios para tener una vida decente.

De esos, 550 mil salieron de la indigencia o pobreza extrema, por lo cual durante ese mismo período la pobreza extrema se redujo en 7.1 puntos porcentuales.

Las razones por las cuales se obtienen estos resultados, aún en medio de la más grande crisis económica que haya conocido el mundo en los últimos 80 años, se debe, fundamentalmente, a un incremento sostenido de la inversión en el área social, que sólo en materia de salud, seguridad social y educación, alcanzó el año pasado a 93 mil millones de pesos, cifra sin precedentes.

Eso representó 4.9% del PIB, un aumento de 2% con respecto al año 2004.

Mas aún, conforme a los resultados de la última Encuesta Nacional de Fuerza de Trabajo, durante el año 2010 se crearon 160 mil 208 nuevos empleos.

Eso motivó que la tasa de desocupación cayese a 14.1%, un nivel similar al registrado al inicio de la actual crisis financiera global en el 2008.

El crecimiento económico registrado durante los últimos seis años, del 2004 a la fecha, ha contribuido a generar más de 580 mil nuevos puestos de trabajo en la República Dominicana.

Ahora bien, estamos concientes que no sólo se trata de disponer de un puesto de trabajo, sino, al mismo tiempo, de un salario decente.

Como fue el 30 de junio del año 2009 que se refrendó la tarifa del salario mínimo para los trabajadores del sector privado, y las leyes laborales disponen que la tarifa de salario mínimo será revisada de oficio por el Comité Nacional de Salarios por lo menos una vez cada dos años, estoy dando instrucciones al señor Ministro de Trabajo para que se convoque de inmediato a los representantes de los empleadores y de las organizaciones sindicales, a los fines de que con tiempo suficiente se pueda decidir un incremento del salario mínimo de ley a favor de los trabajadores dominicanos.

Durante el 2010, el sector salud, por su parte, estuvo orientado al aumento del número de centros de primer nivel de atención, con lo cual, actualmente, contamos con 1 mil 413 centros y 1 mil 114 unidades de atención primaria.

Hemos instalado 38 nuevos centros de diagnóstico e incrementado el número de centros especializados de atención en salud.

Durante el año pasado, terminamos la construcción del Hospital Traumatológico Dr. Ney Arias Lora, en la Ciudad de la Salud; el Hospital de Cenoví; el Hospital de Cevicos; el Hospital Rodolfo de la Cruz Lora; el Hospital de Pimentel; el Centro de Diagnóstico de La Romana; y las unidades de Perinatología de la Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia y de Imágenes, Infectología y Laboratorio del Hospital Robert Reid Cabral.

Hemos avanzado en la prevención y control de problemas prioritarios de salud colectiva, como la tuberculosis, el dengue, la leptospirosis, la transmisión del VIH, la malaria, la difteria, la tos ferina y el tétanos.

Desempeñamos un rol activo en el tratamiento de las víctimas del terremoto de Haití, trasladando pacientes en estado crítico desde Puerto Príncipe a los centros de salud de la frontera y hacia hospitales especializados de Santiago y de la Capital.

La ciudad de Jimaní, a 30 minutos de la capital haitiana, fue convertida en la Ciudad de la Solidaridad en la que se atendían, en forma digna, a las oleadas de afectados por el siniestro fenómeno de la naturaleza.

Desde el pasado mes de octubre, tan pronto recibimos la información de parte de las autoridades haitianas de la ocurrencia de casos de cólera en su territorio, activamos el Plan Nacional de Contingencia para contener la expansión de la referida epidemia.

Con la puesta en ejecución de ese plan, en el que se han involucrado decenas de miles de personas y se ha contado con el apoyo de organismos internacionales, como la Oficina Panamericana de la Salud (OPS), se activó la vigilancia de la pandemia en suelo nacional, llegándose a controlar de manera efectiva el número de personas contagiadas.

Al referirse sobre este particular, el Dr. Thomas R. Frieden, Director del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, en carta dirigida a nuestro Ministro de Salud Pública, Dr. Bauta Rojas Gómez, decía:

“Es de admirar la magnitud de los esfuerzos en materia de salud pública emprendidos por el Ministerio de Salud Pública. Se debe resaltar la creación de instalaciones para el tratamiento del cólera, la excelente campaña de comunicación pública y la implementación de la vigilancia epidemiológica y de laboratorios, que se han realizado en los últimos meses. Estos esfuerzos sirven de gran ejemplo en la región, así como para otros países afectados por el cólera.”

En estos momentos, nos mantenemos en permanente estado de alerta, a los fines de atacar de manera rápida cualquier brote que pudiese presentarse.

Naturalmente, para ser enteramente eficaz en el control del cólera, es de vital importancia disponer de un adecuado sistema de suministro de agua potable a la población.

Al finalizar el 2010, el índice de potabilidad general del agua suministrada desde todas las instalaciones públicas alcanzó el 94.4%.

Eso significa que por primera vez en toda la historia, el agua que llega a la población desde las redes de abastecimiento público cumple con las normas internacionales de calidad para consumo humano que fijan la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Panamericana de la Salud (OPS).

El año pasado, concluimos la construcción del Acueducto Múltiple de Samaná, el cual era un reclamo de muchos años de esa región del país. Terminamos el Acueducto Múltiple Las Guáranas; el de Castillo-Los Cafés; el de Bonao; el de Fantino y el de Cevicos.

Pero, de igual manera, concluimos el Acueducto Múltiple de San Juan de la Maguana; el de La Colonia, en San Cristóbal; el de Las Yayas; y el de San Rafael del Yuma, así como varias plantas de tratamiento de aguas residuales en distintas partes del país.

En lo que se refiere a la Seguridad Social, al finalizar el año 2010, el régimen contributivo, financiado por los trabajadores y los empleadores contaba con 2 millones 400 mil afiliados; y el subsidiado, que protege a los pobres desocupados, financiado con recursos del presupuesto nacional, tenía 2 millones de afiliados.

Estas cifras implican que 4 millones 400 mil dominicanos reciben los beneficios del Seguro Familiar de Salud, lo que representa el 44.6% de la población dominicana.

Hace tan sólo seis años, el número de afiliados sólo alcanzaba a 45 mil personas, para una magra representación del 7% de la población nacional.

¡Cuán profundamente ha cambiado esa situación, en tan poco tiempo, para beneficio del pueblo dominicano!

En el año que acaba de transcurrir, 822 mil hogares se beneficiaron de los programas de Solidaridad, como son, entre otros: Comer es Primero, Incentivo a la Asistencia Escolar, Suplemento Alimenticio a los Envejecientes, Incentivo a la Educación Superior, Bonogás y Bonoluz.

Esto representó un monto de 9 mil 500 millones de pesos invertidos a favor de los pobres de la República Dominicana.

En lo que se refiere a educación, permítanme señalar que desde nuestra primera gestión de gobierno, 1996-2000, ésta ha ocupado siempre un lugar de prioridad en nuestra agenda de desarrollo nacional.

En efecto, como he indicado en otras ocasiones, desde esa primera administración se han distribuido, en forma gratuita, millones de libros de texto. Se ha ampliado el Programa de Bibliotecas Escolares y se han equipado laboratorios de ciencias de la naturaleza para los centros educativos del nivel medio.

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